
Nos reescribimos, nos editamos, nos inventamos. Transfiguramos lo corpóreo a lo virtual ya que puedes ser lo que quieras ser, incluso puedes redefinirte por completo. Ser otro sexo, otra edad, otra raza. Das de ti lo que quieres dar sin recibir cuestionamientos, puesto que, lo real – en esa instantaneidad- es lo virtual.
Internet proporciona los mecanismos para construirse cualquier identidad en donde la conciencia premeditada es el contenido del entorno. Frente a la computadora somos seres sin límites sensoriales, incapaces de encontrar barreras al significado o de relacionar al objeto significante. Así es la virtualidad: signos desligados de sus referentes en un ejercicio de simulación. Nuestra cultura se está redefiniendo como un triunfo de lo irreal, un galardón a la superficie sobre la profundidad, donde el estilo importa más que el contenido.
Lo “virtual”, ya no es más un tipo de tecnología, ahora es un discurso. Un discurso que no solo nos acompaña en las nuevas tecnologías, sino que construye nuestra cotidianeidad. Hemos dejado pasar el término hacia el otro lado de la frontera en la incidencia del concepto “realidad”. Ciberespacio, realidad aumentada, realidad virtual, conferencia en tiempo real, videoconferencia online, son conceptos que sobrepasan la especificidad de herramienta tecnológica hacia el entendimiento de una experiencia sensorial. La tecnología costuró el mundo que Platón había dividido en el reino de nuestros sentidos (donde las apariencias y objetos pueden engañarnos) y el reino intangible de las ideas. Absorbimos tal idealismo conjuntado para desenfrenarlo en una corriente electrónica de bytes.
Los idealistas de Internet defienden tesis que definen como aldea global, comunidad virtual, conciencia colectiva o hipersociedad. Sin embargo es conveniente preguntarnos hasta qué punto el mundo material puede sustituirse por uno virtual o por lo menos complementarse. Y en esa posibilidad cabria la duda de la autenticidad: si los seres humanos construimos significado de la información sensorial que nos llega de nuestro mundo a través de la conversación, la interactividad, la mediación y la comunidad. ¿Cómo puede ser posible lograr esto en un mundo paralelo en donde la libertad implica la multiplicidad del ser? Un mundo donde la transparencia es sinónimo de desventaja constructiva de identidades.
En internet todo sucede simultáneamente, ahí se emulan todos los medios de comunicación existentes. Una fascinación narcisista ciega una sociedad inmersa en lo digital, no la deja ver las ventajas y desventajas críticas del uso de Internet. Además, eclipsada por el acierto de ganar mucho más vías de enlace global, instantáneas, económicas y de libre acceso, no advierte que a cambio de ello; la virtualidad ha dejado de ser la naturaleza de una simple representación falsa de la realidad, para instaurarse como la naturaleza de expresión por sí misma; fragmentando los sentidos, alterando las percepciones, repensando los sentimientos y forjando una nueva cultura digital. Un nuevo tipo de yo evolucionando en un mar de significados hipervinculados, matizado de apariencias y -por consecuencia- de falsas esperanzas. Después de construir la herramienta y de ella, ahora, construirnos a nosotros, también nos utiliza a las personas como medio. El medio mediante el cual funciona la virtualidad en la red.
Recién inició el proceso electoral 2012 que nos va a llevar a las elecciones para Presidente de la República y a la renovación de las dos cámaras del Congreso de la Unión. Inician las campañas electorales de cada uno de los aspirantes a estos cargos públicos, en las cuales Veracruz no es la excepción.
Suelo ser muy crítico cuando se me cruza por enfrente alguna propuesta que tenga que ver con la implementación de herramientas tecnológicas y más las que tienen que ver con el Desarrollo Web. Cada que puedo despedazo mi trabajo una y otra vez para detectar en qué puedo mejorarlo, limitado en ocasiones por el presupuesto y el tiempo, claro está. Normalmente el objetivo es desarrollar y/o implementar software que verdaderamente sea útil, que cumpla una tarea y la cumpla bien. Luego entonces, el rollo, la cancamusa, la cháchara, la verborragia y sus veleidades, no me gustan. Aborrezco totalmente un discurso de 2 horas en donde jamás se aterriza nada, nunca se concreta un objetivo; reuniones en donde por más que te digan que el mar es salado y el chocolate es dulce, no se logra más que rizar el rizo.
Te venden humo, el sol, la luna y las estrellas. Te dicen que en breve te presentarán toda una serie de herramientas místicamente tecnológicas, herramientas de avanzada. Por si fuera poco lo anuncian con el nombre de plataforma virtual de esto, plataforma digital de aquello o sistema chiripitiflaútico. Te marean con un discurso elocuente, en el que cada palabra encaja en la siguiente. Por si faltara algún detalle: traje sastre y corbata brillante. Ah, pero es necesario que se monten al pódium en cada evento medianamente importante, si no; sienten como que no son grandes. Obviamente no puedes ser un cancamusa tecnológico sin tener oficina, secretaria y dos o tres achichincles que te miren con respeto, cuidadito si algún geek despistadillo llega a cuestionar tan importantes avances, no no no no, ¡aguas!, se dispara en su cerebro una luz roja que anuncia el peligro. ¿A mi? ¿a mi, el Sr. tecnólogo me cuestiona un chamaco veinteañero?, se preguntan. Pero eso no es todo, en nuestra brillante administración pública devengan sueldos altísimos………¡claro!, me lo merezco por mi sapiencia, dirian ellos. Montan una paginilla multicolor y como pregón de pueblo cacarean que ya son gobierno electrónico.